Bajo el lema “Los desafíos de la Convención Internacional: puesta en marcha y cambios organizacionales”, el Fundador y Presidente de la Asociación Argentina de Padres de Autistas, Dr. Horacio Joffre Galibert, compartió la experiencia de la entidad.

El lunes 14 de noviembre de 2016, se desarrolló la Segunda Jornada Nacional sobre Discapacidad de la Universidad ISALUD, cuya convocatoria giró en torno a “Los desafíos de la Convención Internacional: puesta en marcha y cambios organizacionales”. Con la organización del Centro de Estudios sobre Discapacidad de la Universidad ISALUD, el encuentro se desarrolló en 4 mesas integradas por los máximos expertos de nuestro país, con el objetivo de hacer un balance y proponer acciones concretas para continuar fortaleciendo el respeto y ejercicio de los derechos de las personas con discapacidad.

El Dr. Horacio Joffre Galibert participó en el espacio “Impacto de la Convención en las Organizaciones de la Sociedad Civil”, en donde explicó que la Convención establece el marco legal y propone una transformación cultural para instaurar al Modelo Social como paradigma en Discapacidad, cuyos conceptos y abordajes fueron los que impulsaron a un grupo de padres a fundar APAdeA en los años ochenta: “nuestra organización nace justamente porque no encontrábamos respuestas para nuestros hijos en el modelo médico, rehabilitador, asistencialista y mercantilista, cuya hegemonía en aquel momento parecía inquebrantable, ni en cierto abordaje de raíz psicoanalítica que ponía el foco en las familias y dejaba de lado a las personas con TEA”. Tal como explicó Joffre Galibert, al igual que muchas otras instituciones, APAdeA comenzó a transitar un camino de búsqueda y puesta en práctica que años más tarde se cristalizó en las perspectivas y marco teórico plasmados en la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad: “Al menos desde 1996 apostamos a la Comunicación Aumentativa, a la comunicación con imágenes, al uso de pictogramas, etc. En algún momento del recorrido nos dimos cuenta de que teníamos que subirles el techo a nuestros hijos y comenzamos a desarrollar proyectos de inclusión laboral y de vida independiente. En cuanto a Educación, estamos construyendo la transición de la integración escolar a la inclusión plena. Entonces, la Convención fue un espaldarazo para todo lo que veníamos haciendo, nos confirmó el rumbo, nos dio herramientas necesarias para profundizar el proyecto y, desde luego, propone una transformación cultural imprescindible para mejorar las condiciones de inclusión y la calidad de vida de las personas con discapacidad”.

En cuanto a lo que falta, el Presidente de APAdeA destacó la necesidad de que el Estado nacional arbitre las medidas necesarias para facilitar la concreción de la Cooperación Internacional que la propia Convención promueve, así como también lograr el compromiso de las organizaciones en las transformaciones necesarias: “Tenemos que aprender a trabajar en equipo, a formar liderazgos e instituciones enfocadas en el servicio al usuario, impulsar las Buenas Prácticas y asumir el desafío que implica el recambio generacional. Y, por sobre todas las cosas, cohesionarnos en el funcionamiento para alcanzar los objetivos que compartimos, entendiendo que nuestras organizaciones y los servicios que brindamos son un puente entre las personas con discapacidad y la sociedad”.